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Lo más bello para los más humildes: El Túnel del Toyo y el legado de Antioquia La Más Educada.

Foto del escritor: Camilo Calle
Camilo Calle
13 ago
2 min de lectura

El Túnel del Toyo no puede entenderse únicamente como una gran obra de ingeniería. Tampoco debería convertirse en un trofeo del gobernante de turno. Su verdadero valor está en la posibilidad de conectar a Antioquia con el mar, acercar a Urabá y Occidente con el centro del departamento y crear nuevas oportunidades para comunidades que durante años han permanecido alejadas del centro del poder.


Esta obra permite recordar un principio fundamental de Sergio Fajardo: gobernar significa construir sobre lo construido. Los grandes proyectos públicos necesitan continuidad institucional. Cada gobierno tiene la obligación de reconocer los avances anteriores, corregir las dificultades y garantizar que las obras se terminen. Lo contrario —paralizarlas, desconocer su historia o utilizarlas para la confrontación política— termina perjudicando a la ciudadanía.


Sin embargo, defender la importancia del túnel no significa guardar silencio frente a las preguntas sobre su financiación. Si partimos del principio de que los recursos públicos son sagrados, las y los antioqueños tienen derecho a saber cuánto ha costado la obra, por qué ha aumentado su valor, qué compromisos corresponden a la Nación, la Gobernación y Medellín, cuánto dinero se ha desembolsado y qué recursos todavía hacen falta para finiquitar la obra.


Una obra de esta magnitud necesita vigilancia ciudadana, rendición de cuentas y decisiones sustentadas técnicamente, no basta con anunciar nuevos recursos; también se debe explicar su destinación, los cronogramas de ejecución y las responsabilidades frente a los retrasos. La confianza pública se construye entregando información clara y cumpliendo los compromisos adquiridos.




Pero el éxito del Toyo tampoco puede medirse solamente en kilómetros construidos o minutos ahorrados. La pregunta de fondo es qué oportunidades producirá para las y los habitantes de Urabá, Occidente y los municipios ubicados en su área de influencia. Una carretera representa verdadero progreso cuando permite que productores rurales encuentren nuevos mercados, que jóvenes tengan empleos dignos, que el turismo beneficie a las comunidades y que lleguen mejores servicios públicos y sociales: hacer realidad el legado de Antioquia la más educada.


Acercarnos al mar debe significar también acercar el Estado a los territorios. De poco serviría reducir los tiempos de viaje si las comunidades continúan enfrentando dificultades para acceder a educación, salud, conectividad y empleo. El crecimiento económico que pueda generar la obra debe traducirse en bienestar y en una reducción real de las desigualdades.


Por eso, las y los habitantes de Urabá y Occidente deben ser protagonistas del desarrollo que llegará a sus territorios, para que las mejores oportunidades no sean ocupadas únicamente por trabajadores provenientes de lugares más privilegiados.


El Túnel del Toyo será verdaderamente transformador si logra reunir cuatro elementos: continuidad institucional, transparencia en el manejo de los recursos, oportunidades para las regiones y educación para aprovecharlas. Terminar la obra es indispensable, pero no suficiente. El reto es convertirla en una plataforma de desarrollo humano y territorial.


Antioquia no necesita una competencia de gobernantes por apropiarse del túnel. Necesita instituciones capaces de trabajar juntas, cuidar cada peso público y garantizar que lo más bello sea para los más humildes. Solo entonces el Toyo dejará de ser simplemente una monumental obra de concreto y se convertirá en un camino para llevar a Antioquia a lo más alto.

 
 
 

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